Vamos a oprimir nosotros
En
vista de que la RAE no se pliega a ninguna presión autoritaria, son numerosas
las instituciones que intentan legislar y censurar por su cuenta, nos hartamos de
repetirlo todos sus miembros, del más veterano al más reciente: la Real Academia Española o RAE no
manda ni impone nada; no obliga, prohíbe, castiga ni multa. No está facultada
para hacerlo y además no quiere. Es probablemente la institución más liberal de
cuantas hay en este país profundamente antiliberal. A lo sumo recomienda, orienta, aconseja, avisa de que tal o cual
término son peyorativos o vulgares o despectivos. Indica simplemente lo que es
correcto gramatical, sintáctica y ortográficamente, pero nadie se ve forzado a
hablar ni a escribir según esa corrección, que ni siquiera dicta la propia RAE,
sino el uso centenario de la lengua. Si no hay un mínimo acuerdo básico, no nos
entenderíamos y el idioma se tornaría inservible. Aun así, cada cual es libre
de decir y escribir lo que quiera y como quiera, de emplear el vocabulario que
le plazca, desde el exquisito hasta el malsonante y soez. Eso no está penado
todavía, por fortuna. Sin embargo, demasiada gente pretende lo contrario, que
la RAE ejerza de policía, que censure el diccionario, que elimine palabras o
acepciones, que añada otras a capricho de cada colectivo o individuo con
ínfulas, que se dedique a una labor represiva. Como si tuviera capacidad o
voluntad para ello; no las tiene en absoluto.
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